De Erasmus a Nómada Digital

by Domingo, Abril 10, 2016

Si estás leyendo esto quizá te encuentras viviendo lo que será probablemente la mejor experiencia de tu vida. ¿Bélgica?¿Inglaterra? ¿Polonia? ¿Cuál es tu destino? El mio Italia, país que nunca olvidaré. Pero tampoco olvidaré la amargura que sentía cuando veía acercarse el momento de cerrar esa etapa. ¿Por qué no puedo ser Erasmus siempre? era mi insistente pregunta…

Si hubiese sabido lo que sé ahora (tres años después) probablemente me habría ahorrado muchos dolores de cabeza pues recuerdo perfectamente cómo me encerraba en mi habitación a diseñar mi vida tal cual la quería: pegaba en la pared fotos de lugares que quería visitar, el estilo de vida que quería conseguir y sobre todo… trababa de descubrir la fórmula secreta para viajar indefinidamente. Y es que a pesar de estar 11 meses en Italia, se me hacía corto, cortísimo.

¿Volver a la vida normal?

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Jajajaja, ni loca.

Mi primer destino fue Siena (Toscana) donde durante un mes participé en un curso de italiano gracias a una beca 🙂 Ese mes lo recuerdo como el más feliz de mi vida. Todavía ninguna experiencia ha podido superar lo que viví en esta ciudad que por alguna razón me marcó.

Vivía en una residencia con el resto de estudiantes del curso, aquello parecía Eurovisión: España, Portugal, Francia, Alemania, Inglaterra, Turquía, Eslovaquia… Durante el día estudiábamos italiano, por la noche festejábamos en la famosa Piazza del Campo y los fines de semana aprovechábamos para hacer excursiones por los alrededores.

Visitando Florencia.

Cuando tuve que despedirme de Siena lloré como un bebé. A pesar de que iba hacia Roma yo me habría quedado allí para siempre. Pero esto no es extraño en mí, suelo quedarme atrapada por cada lugar que visito…

Pero Siena me agarró con más fuerza. Quizá por la gente tan maravillosa que conocí, quizá por el Palio o quizá por lo bien que se vive en una ciudad que es lo suficientemente pequeña como para sentirte en casa y lo suficientemente grande como para no aburrirte.

Aunque el peor momento de un viaje es el final, yo me despedí con la super emoción de ver el esperado Palio de Siena donde además ganó mi caballo. (Que por si no te has dado cuenta ya lo grito yo bien gritáo en el video ‘abbiamo vintooo !!’ 😀 )

 

Tras Siena aterricé en Roma donde tenía una prórroga por 10 meses más de felicidad. Y lo hice comiendo mucha pizza, piadina, porchetta, farfalle con gorgonzola, lambrusco e aperittivi. y mi helado favorito ! El torroncino de la heladería GROM.

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Puedo decir que me adentré en la vida italiana de verdad porque a diferencia del resto de los Erasmus que viven con otros Erasmus yo quise vivir con italianos y traté de huir de los españoles tanto como podía. Y así lo hice: Micchele, Antonio, Glenda y Raffaella fueron mis compañeros de piso, mis queridos coinquilini que me hicieron sentir como en casa y me enseñaron la verdadera cultura italiana.

Tengo que confesar que en un momento de mi Erasmus ME ENAMORÉ.

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Aquí me veis, enamorada…No de los italianos pero sí de mi bicicleta.

Mi bicicleta pasó a ser una extensión de mi misma: azul, con cestita, estilo vintage ¿No es preciosa? Yo juraría que hasta me sonreía 😀 Acabé cuidándola como a mi mascota pues iba conmigo a todas partes: a la uni, a hacer la compra e incluso de fiesta, (sí, imagínate la vuelta a casa después). De hecho, recuerdo una de las mejores noches cuando me perdí pedaleando por esas calles de adoquines mientras me reía de mí misma…

Tristemente…todo en la vida tiene su fin pues hay que dejar paso a nuevos momentos. Así que el Erasmus se fue dejándome su huella para siempre

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Cuando te vas a estudiar al extranjero experimentas lo que significa vivir viajando pero sabes que esto tiene fecha de caducidad…Pero existen dos tipos de Erasmus: el que quiere volver a su casa y el que no. Yo que siempre me niego a aceptar la realidad soy del segundo grupo y no descansé hasta encontrar la manera de eliminar la fecha de caducidad de los viajes.

Y lo conseguí: puedo viajar sin tener ahorros, sin pedir vacaciones y siendo totalmente dueña de mi tiempo. Ahora puedo decidir si quiero trabajar en un café de Roma o en una playa de Tailandia. ¿Quieres saber cómo? Es más sencillo de lo que parece…me he convertido a nómada digital, que si lo piensas profundamente, es como un eterno Erasmus.

¿Por qué nadie me dijo que existía esta “profesión” antes? De haberlo sabido me habría roto menos la cabeza. Aunque ahora que lo pienso, quizá en esos momentos yo ya estaba diseñando mi vida para esto sin darme ni cuenta…

Ahora bendigo aquel momento que decidí volar sin miedo porque desde aquel día no quiero otra cosa en mi vida. Viajar se ha convertido en aquello que me hace sentir viva, aquello que me llena el alma y la forma en la que quiero vivir mis días.

Quiero cerrar el baúl de los recuerdos contándote que aquel año me tatué la siguiente frase Ho bisogno di credere che qualcosa di straordinario sia possibile …es decir “Necesito creer que algo extraordinario es posible”

y como puedes ver…se ha cumplido.